viernes, 26 de febrero de 2010

Hoy paseaba por el centro con mi abuelo (mentira, no paseaba sino que me cotizaba un par de zapatillas, jaja) y mientras esperábamos que abriera un local (es bien sabido que el centro de Arica es bien flojo) nos da por comprar el diario local. Lo hojeo a la rápida sin poner atención a las noticias, cuando reparo en la sección de columnas (dos escuetas columnas de académicos o autoridades locales). Me pongo a leer una columna que, sorpredentemente hablaba de Wagner, ese gran compositor alemán, de personalidad controvertida y obras monumentales como El Anillo del Nibelungo, Sigfrido o Parsifal; obras concebidas gracias a la desbordante imaginación y genial puesta en escena que poseía Wagner, que repercutieron en una gran exaltación de espíritu alemán, bastante alicaído en aquella época (lo que disgustó a Wagner ya que él solo plasmaba su imaginario; además era un declarado anarquista y luego socialista). En fin...

Al leer dicha columna me puse a pensar en nuestra música y no dejo de pensar en que sufre cierto estigma adquirido a través de los tiempos; un gran compromiso social (lo cual encuentro bueno) pero muy pobre en nacionalidad propiamente tal. Si de pobreza, marginación, persecuciones políticas y sociales de trata, los artistas sobran. Pero si hablamos de espíritu nacional, esencia chilena, gloria y patria, el número de artistas comprometidos se reduce abismalmente.

Es mi manera de ver el arte; mi propio punto de vista. Entiendo que cuando la sociedad y el contexto político/social juega en contra, los artistas prosperan y toman una fama tremenda con su mensaje. Pero al momento de destacar sentimientos como la honra, el orgullo nacionaly el espíritu chileno, son pocos los baluartes que toman la tarea de inspirarse en aquello.

Son estigmas que nuestra música ha vivido desde que tengo uso de razón. Hay muchas canciones que más de una lágrima sacan con una canción de amor pobre, marginación y humildad... pero pocas son épicas, e inflaman el pecho con la bravura y el amor más digno que existe: el amor a la tierra que te vió nacer... Una tarea pendiente para nuestra música: romper las cadenas de la estigmatización y abrir un poco más la inspiración artística. Quién sabe... quizás podriamos tener nuestro propio Wagner.

Saludos.

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