Es mejor consumirse que morir oxidado...
Tajante, inesperado, drástico y definitivo. Nada mejor...
Y es que el óxido corroe hasta el más noble metal, poniéndo a prueba su composición. Y dependiendo de ésta, sucumbiremos ante el óxido, o bien, soportaremos su acción.
Pero no... hay que consumirlo en fuego.
Dejad a esa pira arder!
Toda historia tiene un comienzo, un desarrollo de indeterminada extensión, una cúspide que nos mantiene excitados por un relativamente breve instante... y el final.
El hermoso final...
Y es que el final, debe poseer ciertas caracterísitcas para que sea un buen final.
Un buen final debe ser tajante, inesperado, drástico y definitivo... no existe final mejor.
Y es que el final no es discriminado por ser positivo o negativo. Por ser bueno o malo. El final está libre de moralina y actúa por un bello instinto lleno de vida. Una certera expresión de vitalidad. El final está más allá del bien y el mal. El final es determinante, inolvidable. Es un cierre, que da paso a un nuevo comienzo... un comienzo dependiente del final.
Todo lo creado y engendrado, vale la pena porque posee un final. Un final incierto, pero lleno de fuerza, excitante e inquietante.
El final es total.
Destructivo y creador.
Sí, como un Martillo...
viernes, 23 de julio de 2010
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